Nuestros valores

El PEI, Proyecto Educativo Institucional, comparido por los Colegios Trinitarios de España, define en su carácter propio los valores que nos identifican y que hacen de nuestra labor educativa una apuesta liberadora con estilo propio. Cada año, junto al lema y el objetivo pastoral del curso, trabajamos uno de estos valores, que explicamos a continuación.

  • CERCANÍA

    Durante este curso queremos resaltar uno de los valores que definimos en el carácter propio de nuestros colegios trinitarios: la cercanía. Así es como se define: “Nuestra Comunidad Educativo-Pastoral rompe barreras y genera accesibilidad, porque creemos que sólo desde la cercanía se genera confianza, y ésta es la mejor base para la actuación pedagógica y pastoral. Entendemos que ser cercano es ser prójimo, y esto es ser cristiano.”

    Nuestros valores nacen de una espiritualidad muy concreta y específica, la trinitaria, que ha servido a millones de personas a lo largo de algo más de ochocientos años, desde que San Juan de Mata, y cuatro siglos después San Juan Bautista de la Concepción, propusieran un modelo de persona y de cristiano fijándose en la parábola de Jesús sobre lo que significa ser cercano.
    Cada día, a lo largo del curso, nos rozamos en el colegio con un montón de gente diferente. Estamos más cerca de unos que de otros, porque es lógico que con unos nos unan más lazos de confianza que con otros, que además de los compañeros tenemos amigos, y que unos profesores, o unos alumnos, nos caen mejor que otros. Pero también sabemos que estar en el colegio no puede parecerse a una cadena de producción en una fábrica, en la que los trabajadores se rozan cada día pero su cercanía es sólo espacial, no afecta al corazón ni a los sentimientos.

    Un colegio trinitario se caracteriza por ser un espacio de cercanía, donde cada día se rompen barreras que nos separan de los otros, de esos que están a nuestro lado pero casi ni vemos ni oímos. Y llamamos a nuestro colegio “trinitario” precisamente porque creemos en Dios que es Trinidad, y eso quiere decir que es cercano, que no se queda ahí en el cielo, esperando que nosotros cambiemos y nos demos cuenta de las cosas, sino que se hace cercano, se hace prójimo, comparte nuestro camino.

    Jesús se lo explicó así a un estudioso de la Biblia que le preguntó quién era su prójimo. Él había leído en los mandamientos que hay que amar a Dios, pero también al prójimo igual que nos amamos a nosotros mismos. Para este estudiante el prójimo, es decir, el cercano tendría que ser alguien como él, alguien que cree en Dios, que lee la Biblia, que reza todos los días, que ha nacido en el mismo pueblo, que es buen estudiante como él… vamos, casi una copia de si mismo. Entonces Jesús le contó una historia:

    “Un hombre paseaba con su bicicleta por un polígono a las afueras de su ciudad, cuando le atracaron un dos chicos que le robaron la bici después de darle un empujón y pegarle una paliza. Allí lo dejaron tirado en la acera, medio muerto. Pasaron bastantes personas por allí, pero se pensaron que era algún drogadicto y no pararon el coche. Uno de los que pasó era el cura del pueblo, se quiso parar pero miró el reloj y llegaba tarde a la iglesia para la Misa, seguro que la gente estaba esperando, además pensó que por allí pasaban muchos otros coches, alguien pararía. También pasó un profe de religión, pero ya iba tarde al cole y no pudo parar, aunque cuando llegó al colegio llamó a la policía para decirles que había un drogadicto tirado en el polígono. Al rato pasó un emigrante de Nigeria, sin papeles, que vivía escondido entre unos cartones cerca de allí, volvía de lavarse en una fuente. Se acercó al hombre y le tapó las heridas con una toalla para que no sangraran más, se echó al hombre a sus espaldas y lo llevó al hospital, aunque sabía que entonces descubrirían que estaba escondido. En urgencias lo atendieron rápido y pudieron salvar su vida, pero preguntaron quién lo había traído y al joven nigeriano le entró miedo y se fue corriendo. A los pocos días lo encontró la policía y lo echaron del país por no tener los papeles en regla.”
    Y Jesús preguntó al estudiante quién fue un prójimo para aquel hombre de la bicicleta. “El que tuvo compasión”, respondió el estudiante. Y Jesús le dijo: “Haz tú lo mismo”.

    Ser prójimo es ser cristiano, no mirar nuestras prisas, ni nuestros prejuicios, ni nuestros miedos, sino tener compasión. Eso es ser cercano, y así queremos que sea nuestro colegio, un colegio “samaritano”.





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